Un crecimiento vive en la actualidad la
industria motopartista en el país debido, en gran medida, al repunte de
la economía el año pasado. Pero también el incremento del dólar este año ha permitido no solo más interés en la exportación, gracias al mayor margen de ganancias, sino a un grupo de marcas ensambladores dispuestas a invertir más dinero para cumplir los requisitos de Ley.
Esto porque la exigencia gubernamental que existe en
la actualidad señala que al menos el 17 por ciento de las partes
integradas en el ensamble deben ser hechas en el país, de los contrario
no se otorga la exoneración de 35 puntos en impuestos por concepto de importación de piezas.
Entonces este requisito, sumado a una tasa de
cambio más alta, ha dado como resultado que, por cada dólar invertido en
motores, chasis o cualquier otra pieza que haga parte de la
importación, aquí en Colombia se inviertan 500 pesos más para alcanzar y
cumplir la cuota del 17 por ciento establecida.
Pero la necesidad de las diferentes ensambladoras
locales y nacionales como Yamaha, Auteco, Akt, Hero y Honda de
encontrar productores con buena calidad de protectores, maleteros y
otros detalles no había sido atendida con el nivel deseado. Esto mejoró hace pocos años, cuando algunos motociclistas decidieron convertirse en empresarios de alto nivel.
Exactamente esto fue lo que le sucedió a Marco
Saldarriaga, fanático de estas máquinas y quien ha corrido en
competencias de gran nivel como el Rally Dakar. Él, poco a poco, pasó de
ser autónomo en la satisfacción de sus necesidades a entender que el
mercado estaba buscando algo muy similar a lo que él estaba creando.
Así fue como nació Mastech, una
empresa enfocada en el diseño y la creación de productos que agregan
valor, estética y confort a las motocicletas más comerciales que son
ensambladas en el país, pero también a aquellas importadas que no tienen oferta por parte de las marcas internacionales.
Tomas Woodcock, gerente de Mastech, explicó
que la gran ventaja es que todas las condiciones están dadas para seguir
creciendo y el mercado de motocicletas está moviendo más de 51 millones de dólares anuales, de los cuales mínimo 7 millones de dólares se están quedando en las cajas registradoras de los fabricantes de partes locales.
Esta búsqueda por morder la torta ha dado como
resultado positivo el nacimiento de la marca Fire Parts, filial de
Mastech que se ha enfocado en satisfacer la demanda de la gama media, en
máquinas con estilo deportivo y urbanas que dan mayor posibilidad de
adaptar accesorios, pero que nunca habían sido atendidas en temas de
personalización.
Daniel Fernandez, motociclista hace 30 años,
detalló que por fin están entendiendo el mercado colombiano y
latinoamericano, donde no solo se debe pensar en el dos por ciento de
los motociclistas que pueden comprar motos como BMW o Dukati, sino también enfocarse en el 98 por ciento de compradores que están ubicados en la gama media y baja.
Fernández destacó igualmente el desarrollo del
comercio electrónico en los últimos dos años, donde se han integrado
proveedores en páginas web como Fullmoto.com, para que los interesados
puedan, en un solo carrito, agregar cascos, maletines, guantes,
protectores y todo lo que necesitan sin necesidad de estar viajando de
un lugar a otro.
Vale destacar que la industria local
motopartista sigue enfocando sus esfuerzos para sumarse a las políticas
estatales de ciudad innovadora y para ello ha adquirido tecnología de
punta como impresoras 3D para prototipo rápido y equipos de corte laser,
sumando la contratación de los mejores diseñadores industriales de
motopartes.
Similar a la transformación y evolución de Mastech, está la empresa Performance Pipe enfocada en la creación y adaptación de sistemas de escape.
Ella nació como un hobby de su propietario
Juan Pablo Puerta, cuando diseñaba sus propios escapes tipo competencia
para él y sus amigos. De ahí fue evolucionando hasta entender que la demanda era superior a la oferta.
Fue en ese momento que Puerta decidió poner
todo su conocimiento universitario y el empeño aprendido de su padre
para crear de forma industrial y no artesanal piezas que superaran en
calidad y estética las importaciones chinas. Un paso que fue duro como
él mismo lo recuerda pero que le abrió las puertas a nuevos horizontes
La marca AKT, que durante sus primeros años
vivió un dolor de cabeza permanente con la oxidación de los exostos que
ni siquiera lograban cumplir el periodo de garantía sin romperse, puso
en manos de este joven empresario un pedido de 4.000 unidades que
parecía un milagro y que logró cumplir.
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