lunes, 2 de noviembre de 2015

Industria de motopartes en Medellín continúa creciendo

Hay empresas motopartistas locales que en los últimos cinco años han pasado de facturar 300 millones de pesos anuales a más de 6.200, lo que habla de un buen momento de esta industria. 

Un crecimiento vive en la actualidad la industria motopartista en el país debido, en gran medida, al repunte de la economía el año pasado. Pero también el incremento del dólar este año ha permitido no solo más interés en la exportación, gracias al mayor margen de ganancias, sino a un grupo de marcas ensambladores dispuestas a invertir más dinero para cumplir los requisitos de Ley. 

Esto porque la exigencia gubernamental que existe en la actualidad señala que al menos el 17 por ciento de las partes integradas en el ensamble deben ser hechas en el país, de los contrario no se otorga la exoneración de 35 puntos en impuestos por concepto de importación de piezas.
Entonces este requisito, sumado a una tasa de cambio más alta, ha dado como resultado que, por cada dólar invertido en motores, chasis o cualquier otra pieza que haga parte de la importación, aquí en Colombia se inviertan 500 pesos más para alcanzar y cumplir la cuota del 17 por ciento establecida.

Pero la necesidad de las diferentes ensambladoras locales y nacionales como Yamaha, Auteco, Akt, Hero y Honda de encontrar productores con buena calidad de protectores, maleteros y otros detalles no había sido atendida con el nivel deseado. Esto mejoró hace pocos años, cuando algunos motociclistas decidieron convertirse en empresarios de alto nivel.
Exactamente esto fue lo que le sucedió a Marco Saldarriaga, fanático de estas máquinas y quien ha corrido en competencias de gran nivel como el Rally Dakar. Él, poco a poco, pasó de ser autónomo en la satisfacción de sus necesidades a entender que el mercado estaba buscando algo muy similar a lo que él estaba creando.

Así fue como nació Mastech, una empresa enfocada en el diseño y la creación de productos que agregan valor, estética y confort a las motocicletas más comerciales que son ensambladas en el país, pero también a aquellas importadas que no tienen oferta por parte de las marcas internacionales.
Tomas Woodcock, gerente de Mastech, explicó que la gran ventaja es que todas las condiciones están dadas para seguir creciendo y el mercado de motocicletas está moviendo más de 51 millones de dólares anuales, de los cuales mínimo 7 millones de dólares se están quedando en las cajas registradoras de los fabricantes de partes locales.

Esta búsqueda por morder la torta ha dado como resultado positivo el nacimiento de la marca Fire Parts, filial de Mastech que se ha enfocado en satisfacer la demanda de la gama media, en máquinas con estilo deportivo y urbanas que dan mayor posibilidad de adaptar accesorios, pero que nunca habían sido atendidas en temas de personalización.

Daniel Fernandez, motociclista hace 30 años, detalló que por fin están entendiendo el mercado colombiano y latinoamericano, donde no solo se debe pensar en el dos por ciento de los motociclistas que pueden comprar motos como BMW o Dukati, sino también enfocarse en el 98 por ciento de compradores que están ubicados en la gama media y baja.
Fernández destacó igualmente el desarrollo del comercio electrónico en los últimos dos años, donde se han integrado proveedores en páginas web como Fullmoto.com, para que los interesados puedan, en un solo carrito, agregar cascos, maletines, guantes, protectores y todo lo que necesitan sin necesidad de estar viajando de un lugar a otro.

Vale destacar que la industria local motopartista sigue enfocando sus esfuerzos para sumarse a las políticas estatales de ciudad innovadora y para ello ha adquirido tecnología de punta como impresoras 3D para prototipo rápido y equipos de corte laser, sumando la contratación de los mejores diseñadores industriales de motopartes.

Similar a la transformación y evolución de Mastech, está la empresa Performance Pipe enfocada en la creación y adaptación de sistemas de escape.
Ella nació como un hobby de su propietario Juan Pablo Puerta, cuando diseñaba sus propios escapes tipo competencia para él y sus amigos. De ahí fue evolucionando hasta entender que la demanda era superior a la oferta. 

Fue en ese momento que Puerta decidió poner todo su conocimiento universitario y el empeño aprendido de su padre para crear de forma industrial y no artesanal piezas que superaran en calidad y estética las importaciones chinas. Un paso que fue duro como él mismo lo recuerda pero que le abrió las puertas a nuevos horizontes

La marca AKT, que durante sus primeros años vivió un dolor de cabeza permanente con la oxidación de los exostos que ni siquiera lograban cumplir el periodo de garantía sin romperse, puso en manos de este joven empresario un pedido de 4.000 unidades que parecía un milagro y que logró cumplir.

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